miércoles, 17 de septiembre de 2014

En mis sueños

En mis sueños siempre hubo mucha violencia. Con frecuencia proyecto episodios en los que me roban, me secuestran, y hasta me intentan matar. Siempre me encuentro escapándome de algo. En esos sueños me invade el miedo, pero aún así nunca me rindo y enfrento a todo adversario ya sea con el uso de armas o con mi propia fuerza, con gran destreza en ambas opciones. A veces mato gente que me parece sospechosa, sólo porque me parece sospechosa. Corto cabezas con navajas. Sí, mis sueños son como dirigidos por Tarantino.
Es raro porque yo solía dar por sentado que todo el mundo tenía sueños así, pero cuando lo empecé a hablar hace poco con gente cercana, me di cuenta que no.

También creo personajes que se repiten en un sueño y en otro.  Una vez uno me dijo "¿Te acordás de mí?", y eso me asustó un poco a la mañana siguiente cuando me lo puse a pensar. Dicen que en verdad todas las personas aparentemente desconocidas que se te aparecen en los sueños son gente que conocés en la vida real, pero la mayoría de las veces no logro darme cuenta.

El mejor perfil de mis sueños es cuando son sueños lúcidos (es decir, cuando sos consciente de que estás en un sueño). Y me pasa seguido. Viene todo normal hasta que en un momento decís "mmm... me parece que todo esto lo estoy soñando. Hey, inconsciente, a mí no me vas a manejar, ahora tomo las riendas yo!", y empezás a hacer lo que se te antoje. Empezás a manipular a tu mente, a decidir qué pasa y con quién pasa, y en qué momento y en qué lugar. Es como ser el director de tu propia película protagónica. Y es genial. De repente quiero tener una Gibson 335 color sunburst y ya la estoy tocando. Y suena de puta madre. De repente me veo haciendo giras y presentándome en el Madison Square Garden. O puedo sobrevolar por todo Buenos Aires. Y mando a la cárcel a mi vecina de enfrente y a la gente que no me cae bien. En mis sueños lúcidos todo sale como yo quiero, aunque a veces eso conlleve consecuencias un tanto pecaminosas.Todo lo que deseo cerca se me aparece en el momento. Puedo ver cómo todos me hacen caso. Soy la reina del mundo.

Hay que tener cuidado con los sueños lúcidos, dicen. Hay que saber controlarlos. Según me explicó alguien que sabe del tema, lo que en verdad sucede es que te convertís como en un narrador omnipresente de todo lo que estás soñando, y puede que empieces a alejarte  cada vez más de vos. Y si no tenés la suficiente fuerza, te despegás de tu cuerpo. Y tu espíritu queda ahí, flotando en tu habitación y viendo a tu propio cuerpo dormir en la vida real. Esa experiencia debe ser una locura. Se llama viaje astral. Y en los viajes astrales, hay almas que jamás pueden volver al cuerpo, por eso son tan peligrosos. Podemos decir que los sueños lúcidos son el primer paso para el viaje astral, aunque haya gente que niegue tal relación.

A mediados del 2012 tuve un sueño lúcido con un final un poco tenebroso. Todo estaba saliendo como yo quería hasta que empecé a sentir que perdía control sobre mí, que había una fuerza que me alejaba y comenzaba a elevarme. Luchaba contra esa fuerza, pero era imposible, todo empezó a salirse de mi guión. Con total impotencia, pegué un grito desesperado y desperté. Estaba transpirando. Durante los primeros segundos no entendía si seguía viva o si estaba en un estado de suspensión, hasta que empecé a reconocer mi habitación y me volvió la calma. Siempre me pregunto qué hubiera pasado si lograba aplacar esa desesperación y me dejaba llevar. ¿Hubiera flotado en mi habitación? ¿Me hubiera visto a mí misma durmiendo? La gente experta en realizar viajes astrales asegura que no hay que temer, porque lo rico de dichas experiencias es que podés viajar mediante la velocidad del pensamiento a cualquier lugar que quieras, ya sea otro país u otro planeta. Lo voy a tener en cuenta, porque yo siempre quise conocer Islandia. 



Así sería un viaje astral mío...
nota al pie: nótese que hasta me tomé el trabajo de poner mi cabeza.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Sobre esos detalles malditos

-Sos linda como tu mamá vos eh.

U
na de las frases más trilladas de la historia de la tercera edad. Me quedé sin respuesta ante su atenta mirada, que estaba dispuesta a amortiguar al menos una sonrisa mía, que llegaría con esfuerzo y compromiso. Acto seguido: ella frunció el entrecejo con preocupación.

-Sos linda, pero...

¿Había un pero? Quiero decir, no tengo problemas en aceptar si alguien me dice que no soy linda, la belleza física nunca me importó en realidad. A mi sólo me podrías matar si me decís que soy aburrida, cosa que solía sucederme en la Primaria cuando era callada e insegura, pero ya nunca más. Pero había un pero, y eso me descolocó. Y en cuestión de microsegundos, barajé hipótesis mentales: "¿Pero soy petisa? ¿Pero soy común? ¿Pero no tengo ojos claros como mis hermanos? Dios, que no sea eso, estoy cansada de que me lo digan como si fuese un defecto...".

-Hay algo raro cuando sonreís. A ver, sonreí.

¿Qué? ¿Usted me está hablando en serio, señora? ¿Que estoy, en un casting? Y bueno, supongo que no me queda otra que hacerle caso para terminar de descifrar lo que me está queriendo decir. Le sonrío incómodamente. Ella titubeó un poco y lanzó finalmente sin tapujos:

-¿Vos sufriste una parálisis facial?

KE. 
-Ay, no........No, ¡jamás! ¿Por qué lo dice?
-¿Segura? Porque sonreís como de costado, la mitad de la cara no se te mueve. ¿Siempre sonreíste así?
-Y... creo que sí...
-Podrías hacerte ver, capaz tengas un problema con el músculo facial derecho.
-No, yo sé que sonrío de costado, pero no creo que sea por ninguna parálisis. Puedo mover perfectamente este lado de la cara. Si me esfuerzo, sonrío derechita.
-A ver... sonreí derecha.

Esto no puede estar pasando... Y ahí nomas, forcé mi mejilla derecha y esbocé una sonrisa más pareja, haciéndome la Miss Carolina del Norte.


-¡Ahhhh! ¡Ahora sí! Mirá qué lindo que te queda una sonrisa normal.

¿Sonrisa normal? ¿Perdón?



-Eso te lo tenés que hacer ver, querida, porque es una lástima que a una chica tan jovencita se le arruine la cara por una sonrisa que se puede arreglar con cirugía.

Me reí nerviosa. No entendí si era un chiste de mal gusto, pero lo peor es que no lo era.

-No, disculpe, pero no pienso hacerme ninguna cirugía en la cara.
-¡Deberías, querida, deberías! Eso se soluciona con una puntadita...es una pavada, eh...

Y se puso a disertar sobre las últimas técnicas de lifting y rellenos de pómulo.Ya entiendo cómo usted parece de 50, señora. Y dudé por un minuto si la octagenaria no tendría razón, si debería corregirme la sonrisa. En realidad no fue un minuto, fueron varias horas. Me había dejado preocupada. Pero recordé cuando alguien me dijo una vez "voy a extrañar tu sonrisa ladeada" y me hizo dar cuenta que sonreía de costado. "Como si estuvieras tramando una picardía", me dice mi mamá siempre. "Sonrisa de pervertida", prefieren llamarla mis amigos. Y capaz sean esos pequeños defectos nuestras marquitas de identidad, las que nos hacen únicos. Y se me viene a la mente, no sé, tener las paletas separadas, o una cicatriz en el labio, o una uniceja, o una nariz grande, o estar lleno de pecas... son todas formas de decir "Hey, acá estoy. Este soy yo". Nadie extrañaría a una sonrisa perfecta, porque seguramente hay miles y son reemplazables. Y hasta a veces aburren.

Así que, le agradezco la intención señora, pero yo prefiero seguir por la vida alegrándome de manera torcida.

(Como Sylvester Stallone, Michael Douglas, Drew Barrymore, Ellen Page, Matthew Lewis y Dermot Mulroney, a quienes les queda curiosamente encantador).

lunes, 28 de julio de 2014

Nunca Tires tus Juguetes

Cuando mi primo era chico, había un ritual familiar que lo aterraba. Una vez al año, sus papás le decían "Juan Pablo, salí del cuarto". Ellos irrumpían en su habitación como por orden de allanamiento, cerraban con llaves, y mientras el pobrecito esperaba afuera llorando sentado contra la pared, sus papás iban metiendo juguetes del cuarto al azar en una enorme bolsa de consorcio negra. No querían que su único hijo creciera en caprichos al tener más de treinta juguetes todos para el solo, y entonces le recordaban anualmente que la vida te da pero también te quita. Cada tanto nos salta a la mente esa anécdota y comentamos con mi primo la psicología horrible que ese ritual aplicaba, y cómo nosotros nunca haríamos eso con nuestros hijos.

Afortunadamente, mis papás nunca tiraron nada mío sin consultarme primero. Y, re-afortunadamente, yo no quise desechar muchas cosas. Hoy en día todavía tengo a mis juguetes más importantes conmigo. Por más que ya no juegue con ellos, mi conciencia está tranquila de saber que están ahí. Tirar esos juguetes sería como meter mis recuerdos en una bolsa para convertirlos en ideas lejanas y no en realidades que aún puedo tocar. Mi oso Felipe, mi dálmata Lucas, mis muñequitos baratos de cada Cajita Feliz y tantos otros bichos que me hicieron la persona más feliz de la tierra en algún momento. No los tiro porque cada tanto los revivo cuando me visitan mis primitos más chicos, y porque creo firmemente que los juguetes que no tiramos tienen la difícil tarea de recordarnos quiénes éramos. 


Cada maletín de la colección de Juliana (las chicas saben de lo que les hablo) me hacía creer que de grande iba a querer ser veterinaria, doctora, maestra o maquilladora. Cada máscara que me ponía (tenía muchas) era un viaje hacia algún personaje que creaba cuando ya estaba aburrida de ser yo misma. Cada instrumento de mentira que me compraba lo iba a terminar tocando de verdad muchos años después. Cada matrimonio que concreté entre mis Barbies y los Caballeros del Zodíaco de mis hermanos -por más de que ellas les llevaran 600 cabezas- era una linda manera de abrazar la infancia de ellos junto a la mía. Los juguetes nos unieron siempre mucho a los tres, porque nos enseñaron a compartir y jugar juntos, y envidio fuertemente a mi hermana por ser la más chica y así haber heredado en algún momento todos los muñecos de mi hermano y los míos  (aunque eventualmente sólo terminó jugando con los de mi hermano, porque era re pibe. Te quiero Micky).

Salí durante un buen tiempo con alguien que estudiaba Psicología, y no tardó en apuntarme que había algo de trauma en el hecho de que yo aún guardara mis juguetes de cuando era chica. Sin embargo, en algún punto lo entendió como una parte tierna que yo tenía, y cuando cumplimos meses me regaló una guitarrita eléctrica a pilas y un póster de Toy Story, que todavía tengo colgado en mi habitación.

No tires tus juguetes. O al menos todos tus juguetes. Y los que tires, que no vayan al tacho sino a las manos de un nene que pueda ser feliz con lo mismo que vos fuiste. De alguna manera se trata de hacer trascender nuestra infancia. Hay una remota parte de mí que todavía se rehusa a dejar de creer que mis muñecos cobran vida cuando salgo de la habitación, y eso es un poco lo que mantiene la magia de todo esto (y los que piensen que tengo problemitas por decir eso, qué pena que a ellos ya no les pase).

Cada vez que en mi casa me cruzo con ese viejo baúl lleno de estos juguetes, 
una extraña alegría disfrazada de nostalgia me invade por dentro. La otra vez decidí sacarlos de ahí y jugar con ellos para filmar un corto. No sólo me divertí muchísimo, sino que supe una vez más que, para algunas cosas, el tiempo no pasa.



PD1: con la opción HD se ve mucho mejor

PD2: esto no termina así, estoy trabajando en la segunda parte de la historia. Sepan que Woody es mejor que Buzz.

lunes, 30 de junio de 2014

El Mundial según Sole Coul

Qué loco que esta vez el Mundial esté acá, a la vuelta de la esquina. Hace cuatro años me prometí que iba a viajar a Brasil a ver jugar a la Selección, pero el 2014 me agarró con el bolsillo vacío, y ahora me tengo que conformar con la transmisión HD que te grita los goles cinco segundos más tarde mientras mi vecino me caga todo el suspenso festejando con su viejo Sanyo de 15 pulgadas. QUIERO MORIR.

Como ya dije por ahí, la ceremonia de inauguración me recordó a un pobre acto de Primaria por el Día De la Raza. Gente disfrazada de árbol bailando con gente disfrazada de flores, negritos que hacían de ola del río Amazonas, no sé, no entendí nada. Sos negro, no podés hacer de ola. La gente queria ver curvas brasileras danzando una samba, esperaba algo más tinellesco, pero el único culo que vio fue el de Jennifer Lopez, que por cierto, está cada vez mejor con los años.

Arrancó flojo, pero por suerte no fue así el nivel de fútbol. Si en Sudáfrica 2010 nos quejábamos de que no había goles, en esta primera mitad de Brasil 2014 los gritos sobraron. Brasil está jugando feo, pero los árbitros lo favorecen sin escrúpulos. ¿Roce en el tobillo? Penal para Brasil! ¿falló el tiro al arco? Intenten de nuevo, penal para Brasil! ¿No te gusta este blog? dos penales para Brasil!! Hoy por hoy, Brasil es Neymar, que pobre está más solo que los huérfanos de Cris Morena en el Día de la Madre.

Hubo sorpresas, y varias, sobretodo en el denominado... (sonido de órgano macabro de iglesia).... "GRUPO DE LA MUERTEEEEE" (#BoludecesNo) conformado por Italia-Inglaterra-Uruguay-Costa Rica. Se suponía que era el grupo más temeroso por el rejunte de los tres primeros países que mencioné, pero no fue así. Me informan que se hicieron millonarias las cuatro personas y media que apostaron por Costa Rica en Bwin.com. La cosa es: COSTA RICA SE ESTÁ COGIENDO A TODOS. Costa Rica se garchó a Italia y no la volvió a llamar. Costa Rica está dejando más hijos no reconocidos que Maradona. O sea, nadie se esperaba eso de un equipo caribeño que es como el alumno al que le hacen bullying en el colegio y un día entra al patio de comidas, saca un arma y mata a todos. Los calladitos son los peores, dicen. Bueno, esa es Costa Rica. Y no nos olvidemos del Caso Uruguay. Clasificaron al límite, siempre tan sufridos las victorias charrúas. Pero siempre haciendo hazañas. Uruguay se lleva todas las materias a diciembre, y las saca. Vive festejando repechajes y definiciones por penales o goles en el minuto 87, pero a la hora del festejo es como si estuviera alzando la Copa del Mundo. Es genial lo de Uruguay, nunca lo entenderé. Lástima que Suárez -fanático de The Walking Dead- salió a la cancha a clavar sus super paletas en las yugulares de sus adversarios y arruinó el sueño del pequeño país. Encima para este Mundial los vistió Puma con una camiseta ajustadísisisisisma al cuerpo. Al diseñarla, Puma pensó seguramente en el lomo de Forlán , pero jamás tuvo en consideración la zapán de sus fans. En serio, ver a mi viejo festejando con esa camiseta remarcándole las tetillas fue un cáncer de ojos.

En cuanto a Argentina, no hay grandes expectativas. Es triste que lo que más entusiasmó, hasta el momento, haya sido el cuero del pocho Lavezzi. Me produce ganas de emigrar a Bolivia. Lavezzi es cualquier pizzero de Barracas con abdominales trabajados, dejémonos de joder (y con esto aprovecho para revivir un post viejo). Hay eventos creados para marchar para que "el Pocho Lavezzi juegue en cuero". Yo creo que es una gran idea, porque los rivales al pasar cerca suyo se resbalarían con la grasa derramada y perderían la pelota. Ponelo a Lavezzi de 10, Sabella. No, mentira. Dejalo a Messi. Esos giles que me decían que Messi no hacía nada, que Messi se quedara en el Barcelona, que cómo puedo bancar a Messi, que es un pechofrío, que falta Tevez... no me volvieron a hablar después de cuatro goles de Lio en tres partidos. Pareciera que lo quiere todo el mundo menos los argentinos. Qué jodidos que somos, eh. Yo les voy a contar por qué admiro a los brasileros.

ARGENTINA 1-0 IRÁN:
El argentino: "Jugamos como el culo, loco. No jugamos a nada, son todos unos muertos. Son los peores. Messi no hace nada, sólo apareció al final. Ganamos de pedo, así no pasamos a cuartos de final".

BRASIL 0-0 MEXICO:
El brasilero: "Oh Brasil, adicionamos um ponto? ALEGRIAAAAA!!!" *se pone a bailar una samba* *se desnuda*

Brasil, quiero ser como vos. Seamos como vos. Disfrutemos un poco más el fútbol. Que al fin y al cabo se trata de sufrir un poco y festejar resultados.

Como que no me veo representada por los hinchas argentinos que viajan al Mundial. Les ponés una cámara, les hacés una pregunta, y ya arrancan a desvariar: "EH LOCO AGUANTE ARGENTINA, UN SALUDO PARA TODA MI FAMILIA, QUERÍA AVISARLES QUE LLEGUÉ BIEN!!! ME VINE DESDE ZAPALA HASTA ACÁ MANEJANDO MI FIAT 141, YA SE ME BORRÓ LA RAYA DEL CULO!!!". Este testimonio es real, lo vi en TyCSports, y me pareció genial. Pareciera que a los Mundiales siempre viaja la peor muestra de la población argentina, nos hacen quedar mal siempre. Los argentinos hacemos mucho quilombo, y mucho alarde de todo. Abrazamos a hinchas de otros países frente a la cámara, intercambiamos camisetas y un segundo después les decimos en la cara "LES VAMOS A ROMPER EL CULO!!". O sea, no nos entiendo.


Mañana viene una chica yankee a mi casa por tres semanas. Ya le advertí un poco cómo somos los argentinos en época de mundial, como para que no se asuste. A mi lado, mi madre me tira una idea tercermundista: "¿Por qué no la llevás a ver el partido a Plaza San Martín en pantalla grande con toda la gente?". Oh Dios, no. Si el infierno existe, debe ser parecido a los "puntos de encuentro" que organiza la TV Pública en plazas por todo el país. Donde gente desconocida se abraza con gente desconocida. Donde hay choris gratis y te vuelcan la Coca encima. Y en el quilombo del festejo de cada gol sentís que se te mete una mano ajena en la cartera. Si la llevo a Plaza San Martín, volveré a este blog en breve para escribir esa anécdota. Estoy segura de que no va a ser un partido más.

viernes, 14 de febrero de 2014

Día de los Enamorados

Hablemos del desamor. Porque una especie de maleficio está sucediendo entre mis amigos. Todas las parejas que conozco están cortando. No importa si duraron siete años o cuatro meses, se están separando todas. Empiezo a vislumbrar una especie de "crisis de los 25", la cual en parte me simpatiza, y en parte no, porque hay parejas que me gustaban y parejas que no. Mi problema es que no concibo la idea de no deber hablarles más a algunos (ex) novios de mis amigas con los que me llevaba bien. Tener que eliminarlos de todos lados duele un poquito. Porque uno no elige encariñarse con las personas, y cuando cortan nadie piensa en los amigos que quedaron en común. No tenemos la culpa de ser los huérfanos de la relación!!

En fin, volviendo al tema, la edición 2014 de los 25 es sentirse “independiente y tranquilo”. Veo amigos que se están mudando solos, aún teniendo novia. Y quienes llevan ocho años y no tienen planes de casarse ni de tener hijos nunca. Y algunos que con la más inerte tranquilidad te dicen “Flor es copada, ¿viste? Ya hace cuatro años que estamos. Pero ni en pedo me veo con ella a futuro, eh”. Y ahí es cuando me quedo mirándolo, estupefacta y sin respuesta... y me pregunto adónde va el amor cuando se va.

Veo muchas fotos en Buzios y pocas salidas a la heladería de barrio. Parejas que se van en crucero por diez días, y vuelven y cortan a los dos meses. Quizás porque ya no pueden sentarse en una plaza, mirarse a los ojos por cinco o diez segundos sin decir nada y sentir que algo extraordinario está pasando. Cuando estás realmente enamorado/a de alguien, hasta hacer nada juntos es divertido. Lo veo en mis viejos todos los días.

Este post se lo dedico a esas parejas que todavía tienen la suerte de sentirlo. La suerte que no es suerte, sino años de palabras, momentos, traspiés y universos construidos (de esos que uno empieza a extrañar cuando se queda sin batería en el celular o cuando se va de viaje con amigos). A ellos, feliz hermoso día. 

jueves, 23 de enero de 2014

Extraño

Extraño no poder escribir más en este blog desde mi casa. No sé qué ocurrió con mi computadora que cuando abro Blogspot me aparece todo desconfigurado, y por lo tanto no puedo subir nada. Extraño los comentarios en este blog por seres anónimos o amigos. Extraño la época de apogeo de los blogs, conocer locos nuevos a través de ellos, y escribir unos cuantos días seguidos. Los blogs ya pasaron de moda de tal manera que los pocos que me leen ya ni siquiera se atreven a dejar un saludo. Pero más que nada extraño lo que significaba este espacio para mí, y lo bien que me hacía. Hacer mi descargo cotidiano sobre todo lo que me molesta, y reírme de que el mundo está saturado de información que no necesitamos saber, empezando por los nombres de los cajeros de Mac Donald's. 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Terremotos y algo más

Desde que lo tuve en primer año de secundaria, mi profesor de Geografía me hacía acordar a alguien. El mismo tipo de humor, el mismo elevado nivel intelectual y una recóndita vulnerabilidad propia de un niño detrás de una expresión seria con anteojos. Conocía esos chistes, esas salidas, esas opiniones, esas sonrisas irónicas. Seguramente por mi innata timidez no fui capaz de acercarme tanto a él como hoy sí lo hago cada vez que me lo cruzo en el tren y nos reímos juntos de algún recuerdo escolar o del miserable presente de algún ex compañero mío.

Una tarde llegué a casa con un cuatro escrito en birome roja sobre mi examen de terremotos y deslizamientos de las placas terrestres. Lo dejé sobre la mesa del comedor y huí. Al rato, mi viejo se me acercó con el papel en la mano.

-Quiero pedirle una cita a tu profesor. Quiero que me explique la corrección que hizo- me dijo.
-¿Por qué, pá? Está bien corregido. No te conviertas en uno de esos padres patoteros que apuñalan maestros, porfis.
-No, no, sólo quiero que me explique algunas cosas- me contó.

Y así fue. Llamó al colegio y pactó la cita. Llegó ese miércoles. Yo no les había contado a mis amigas, recuerdo que me daba un poco de vergüenza, y ni siquiera entendía bien el motivo del encuentro. Estuve toda esa mañana nerviosa, y sumamente curiosa por aquello que un tipo tan tranquilo como mi viejo querría saber acerca del profesor y su corrección. Cuando volví a casa, parecía no haber nadie. Almorcé tranquila hasta que escuché a alguien bajar por las escaleras con ritmo galopante. Era mi papá.

-¿Y? ¿Cómo te fue? ¿Qué le dijiste? ¿Era necesaria la entrevista esa?-le pregunté.

Mi papá me miró más que sonriente, exultante. Parecía que venía de un parque de atracciones.

-Bien, hablamos de tu prueba, y me explicó cómo sumó tus puntos.
-¿Y estaba bien?
-Sí.
-¿Y por qué estás tan contento?
-Andrés es de Racing.
-Jaja sí. ¿Eso te dijo?
-Sí, hablamos largo y tendido sobre fútbol. ¡Cómo lo gasté! Me hizo reír mucho. Al final, intercambiamos mails!

Ahí estaba la respuesta. Ahí supe a quién me hacía acordar mi profesor de Geografía. Es hasta el día de hoy que cuando me lo cruzo en el tren, es como estar hablando con mi viejo. Bizarra asociación, es cierto. Pero más bizarro es INTERCAMBIAR MAILS con el profesor de tu hija. Dios, menos mal que todavía no existía Facebook.