lunes, 31 de octubre de 2011

Sensaciones marketineras

¿Quién dijo que la publicidad es frívola? Seamos sinceros, escuchamos las canciones que inventa Quilmes para el Mundial y se nos ponen los pelos de punta. Acá, otros ejemplos de sensaciones creadas por las marcas, intencionalmente o no.


Ser cruel: que el señor Cachafaz haya sacado un "Cachafaz Mousse" cuyo envase es una imitación del querido y extinguido alfajor Suchard de los 90. Un golpe visual fuerte para los nostálgicos, es como extrañar a un ex.

Sentirte traicionado:
 
Que después de 30 años ininterrumpidos de tener el mismo envoltorio, después de haber pasado el mismo diseño por tres generaciones distintas, las hermanas Tita y Rhodesia hayan cambiado su empaque por un evoltorio ""ecológico"". Ecológica tu vieja, a mí me venís con el clásico papel dorado y plateado tóxico de siempre!!

Sentirte marginal:
conformarte con comprar un alfajor Guaymallén porque sale cinco veces menos que el Cachafaz, o a fin de mes tener que elegir Shiny-Cola a Coca Cola y pasar vergüenza en el asado con tus amigos.

Sentirte grasa:
hacer la fila en la verdulería del supermercado Coto (y más cuando es junto a señoras gordas).

Sentirte poco querido:
que tu novio/mamá/hermano/mejor amigo vaya a Mar del Plata y NO te traiga una cajita de Alfajores Havanna.

Sentirte re PRO:
tener una Mac y criticar a tu mejor amigo que usa la PC Windows diciéndole las clásicas frases elitistas de los adeptos a Apple tales como "lo que vos hacés en tres clicks, yo lo hago en uno" o "la Mac es un viaje de ida". En verdad estás siendo un pelotudo.

Sentirte masivo:
jactarte de que vos te compraste un Blackberry hace cinco años cuando sólo lo usaban los empresarios mafiosos, y quejarte de que ahora "lo tiene todo el mundo", hasta la hija de tu portero.

Creerte elitista:
vender tu Blackberry porque ahora "lo tiene todo el mundo" y te parece "limitado", y pasarte a un Android. Te creés un marca-tendencias, pero sos un boludo más, porque en unos años vas a volver a ser parte del rebaño.

Ser víctima de vos mismo:
adherirte a los descuentos de Groupón y 
sentirte un vivo bárbaro porque compraste una cena de sushi para dos personas en Las Cañitas a $50... y una crema de manos a $10... y una escapada a Mardel por sólo $300.. y así se va sumando hasta que te llega la cuenta de la tarjeta de crédito y comprendés que fuiste víctima de la ecuación
"(LIBERTAD+AMBICION) / DESCUENTOS = EL MES QUE VIENE VIVÍS A BASE DE GALLETAS DE ARROZ, BOLUDO!!".


Sentirte un eterno fracasado:
comprarte una chomba de Lacoste de una marca de imitación (no original) en la terminal de Retiro y darte cuenta que el cocodrilo es un poquito grande, demasiado, como si se hubiera morfado al original. E ir con ese cocodrilo obeso por la vida...

Entender que ya no estamos en los 90:
que el viejo kiosko de barrio llamado "Kiosco Mateo" ahora se llame "MAXIKIOSCO LOS PIBES" y que no tenga su nombre escrito sobre un toldo con fileteado porteño sino sobre un cartel de Pepsi.

Sentirte decepcionado:
cuando en un restaurante pedís Coca y el mozo te dice "tenemos línea Pepsi......" (nótese los puntos suspensivos entonados por los mozos cuando largan esa frase). Es como decirle "te amo" a alguien y recibir  un "yo te quiero mucho". Ok, dame Pepsi... (pero las ganas de tomar Coca no me las quita nadie).

Encontrar a tu media naranja: 
compartir un surtido Bagley con un amigo/a y que dé la casualidad de que a él/ella le gusten todas las galletitas que vos evitás, y viceversa. Los gustos inversamente proporcionales de ambos harán el complemento perfecto.



Suchard-Cachafaz Mousse: Esa extraña sensación de estar comiéndote a alguien muy parecido a tu ex...


¿Pero cómo: no era original? Date cuenta, boludo. Ese bicho no es un cocodrilo, es una cruza entre una lagartija y una babosa


No Groupón, no. Mi vida no va a cambiar por que me regales una lámpara de lava. No me hace más canchera. (además esa lámpara parece otra cosa....)




Tu otra mitad: Ese amigo que actúa cual limpiafondo de la pileta a la hora de compartir un surtido de galletitas. (dedicado a mi amiga May!)

lunes, 24 de octubre de 2011

Los momentos artificialmente interesantes (M.A.I.)

El ser humano da para todo. Resulta que me encontré un martes a la noche mirando Utilísima con sus conductoras diciendo el clásico "lo dejamos secar diez minutitos... y PER-FEC-TO!!" y no pude evitar cuestionarme: "¿Qué mierda hago mirando esto?". Martes a las ocho de la noche y yo viendo como armar la torta para la comunión de tu hijo. Yo que no tengo hijo, que no sé ni encender el horno y que odio las decoraciones de angelitos. ¿¿Qué estaba pasando conmigo?? Y enseguida lo supe: tenía que sacar a pasear a mi perra Florencia y estaba haciendo tiempo, distrayéndome con una cocinerita de televisión (y su siempre inútil asistente) con el aspecto histérico de una madre soltera y su voz que está tres tonos arriba de la mía (yo hablo en MI y ella en LA, lo cual me irrita, porque no soporto la gente que habla en LA o en SI agudos). La cosa es, cualquier miseria de este mundo hubiese podido soportar yo con tal de no sacar a pasear a mi perra. Cualquier otra cosa me resultaría, en ese momento, "interesante".

Mi teoría es que todo momento puede resultar interesante cuando es la mejor alternativa. Nos resulta "artificialmente interesante" porque sólo nos atrae en determinadas circunstancias, cuando no tenemos otra cosa más divertida que hacer. Los M.A.I. sólo son interesantes en ese momento en que los experimentamos, pero jamás lo serían corrientemente.

Los M.A.I. más comunes:
-Cuando estamos en el colectivo y vemos que la mujer del asiento de al lado nuestro está leyendo un libro. ¿Por qué esa necesidad repentina de espiar qué está leyendo el desconocido? Miramos de reojo haciéndonos los boludos (como si no fuésemos demasiado obvios!) y captamos el título: "Gente Tóxica". Ok, ahora queremos saber más, porque con eso no alcanza, queremos leer el exacto párrafo que esta leyendo esa extraña, queremos saber de qué se trata y somos capaces de fumarnos una página entera sobre un libro que, sinceramente, no se nos hubiese ocurrido comprar ni en la feria de Parque Centenario a $2. Lo peor es que después cuando otro boludo está queriendo leer lo que nosotros estamos leyendo, nos molesta! Y hasta cerramos un poco el libro para dificultarles la lectura!


-A la hora de cumplir con obligaciones como el estudio o el trabajo, cualquier cosa resulta interesante en ese momento. Esta situación se presta para que hagas cosas insólitas. Desde observar en detalle los dibujitos de tu cartuchera y fascinarte durante unos minutos con la forma de las melenas de los leones hasta pasar por el living y ver que la tele está encendida en la última escena de Titanic (que ya viste más veces de las que Bono habló de Africa) y sentirte obligado a sentarte enfrente del aparato a contemplar por decimoquinta vez cómo el pobre Jack se cae al fondo del océano por culpa de la gorda de Rose que no le hizo un lugarcito en la balsa cubana (TODOS sabemos que Jack se podía salvar subiéndose a la madera). Mientras te clavás 30 minutos ahí frente al televisor, cada tanto tu conciencia te grita que estudiar es más importante que contemplar a Rose remando entre cabezas de bebés congelados para salvar su vida, pero no te importa, no te dan las ganas.

-Cuando nos encontramos con un conocido en el colectivo, un conocido de esos que no vemos hace mil años y con el cual no tenemos charla, se crea una conversación que gira en torno a temas totalmente intrascendentes, como el "y dónde estás laburando?", "te seguís viendo con alguno de los chicos?", "y estás de novio/a o algo?": qué me impooooortaaa tu vidaaa, pelotudo!!! por algo nos dejamos de ver!!!  Pero vos preguntás con la mejor onda y, de lo aburrido que te resulta esa persona, tratás de esmerarte para construir temas interesantes, que nunca te interesaría saber en verdad. Preguntas raras como "y qué colectivo te tomás para llegar a tu trabajo?" o risas forzadas, en ese momento estamos atentos a construir una conversación interesante, y puede que no nos percatemos de que todo está siendo artificial. Salvo cuando el conocido se baja del colectivo y llega la autocrítica interna: "¿por qué carajos le pregunté sobre la garantía de su nuevo i-pod?".



Espero haber sido clara sobre mi teoría de los M.A.I. Por lo menos yo lo veo así. De hecho, este post (como casi todos) lo comencé en el trabajo, cuando no tenía ninguna otra cosa más interesante que hacer...

martes, 4 de octubre de 2011

Chiquititas

Yo me crié en la Buenos Aires de los noventa, cuando los Farmacitys eran Blockbusters y todavía se decía "alcanzame la Savora". Aún nos mandábamos cartas por correo en Navidad y a los chicos nos asustaban con un "mirá que llamo al hombre de la bolsa!" (ahora te traen al hombre de Fibertel a que te desconecte internet, es más efectivo y real. ¿Quién era "el hombre de la bolsa", anyway? Nunca nos explicaron por qué llevaba una bolsa, ni qué hacía con ella. ¿Metía a los pibes ahí o salía del Coto cargando mortadela?).

Volviendo a lo que nos concierne, en los 90 las chicas mirábamos mucho una serie creada por la eterna adolescente Cris Morena, "Chiquititas". Un hogar de niños rubios y de ojos celestes con un futuro asegurado en publicidades de Cheeky. Es más, creo que los criaban con ese fin y ellos no se daban cuenta.

A ver, esa serie no era ni un poco parecida a la realidad. Yo tenía un orfanato al lado de la casa de mis abuelos y los pibes eran más parecidos a Lucas Viatri (y a sus antecedentes delictivos). No eran rubiecitos arios como mi hermano. Eran negritos como yo*. Y hablaban sin las eses. Y se burlaban de mí y se comían mi comida cuando mi abuela los invitaba a la casa. Ese fue uno de los primeros grandes shocks que tuve con la realidad. Cuando entendí que no todo era como Cris Morena lo pintaba y que ante cada problema que yo tuviera NO IBA a aparecer Romina Yan (q.e.p.d.) colgando de un arné repartiendo polvito mágico como en el Gran Rex (qué miedo me agarraba cuando se subía a ese arné con tantos kilos de más #listolodije).

En fin, revolviendo recuerdos en Youtube me encontré con el video de "Mentiritas", primer gran hit de la serie.


"No me digas mentiritas porque duelen,
yo ya sé que estoy solita, no me quieren;
mis papás se fueron lejos,
se olvidaron que nací,
me dejaron sin caricias como a ti..."


Esta canción es durísima, y tiene un video bastante bizarro. Puse play y me encontré con una nena cachetona (que se parece a mí cuando era chica) llorando en su cuarto, y una Agustina Cherri pequeña y cuasi uniceja que le decía que no estaba sola, que podía contar con ella para lo que quisiera. Que su mamá había sido "una reina" y que la re quería, y que el papá era bueno "como un angel en el cielo". ¿Y entonces por qué la dejaron? Aparte los viejos no parecían muy tristes al momento de convertirla en huérfana. Se los ve con cara de indiferencia, de Argentina 0-0 Brasil, asomando la cabeza por la ventanilla del TBA. Es como un "chau nena, hasta nunca!!! Nos vamos a Santa Teresita por Groupón!!!". Y la pobrecita ahí, con una cara de decepción más grande que la mía cuando me enteré que el "JOJOJO" de navidad lo hacía mi abuelo. Aparte, aclaremos: tomarte el TBA de Mitre es de CHETO. Ahí viajan las madres Sarkany cuando se les quedó sin nafta el BMW. O un estudiante mantenido que merienda todos los días en el Starbucks de la UADE. Seamos realistas. Si vas a abandonar a tu hijo, lo hacés en la estación Burzaco del tren Roca con ramal a Alejandro Korn. No camino al Parque de la Costa.

Pocos somos los televidentes que pudimos descifrar los mensajes subliminales de Chiquititas. Promocionaban no-valores como la explotación laboral infantil en canciones como "Hasta diez" ("un, dos, tres hay que limpiar! hasta que los pisos vuelvan a brillar..."), la discriminación ("yo quiero ser igual a los demás...") y, el himno que toda una generación cantó pero nadie supo nunca el significado: "Chufachá".

La letra decía:
"Y chufa chufa chá,
chá chá chá..."



Según los estudios de voces y grabaciones de Limón World, en cada "chufa" la canción revelaba los siguientes mensajes:

"Comprame el casette ya,
ya, ya, ya".

"Conseguilo en Musimundo ya,
ya, ya, ya"

"No le falles a Romina Yan,
Yan, Yan, Yan".

 Me preguntaba, después de llenar tantos Gran Rex y diez años consecutivos de éxito en la tele, en qué andarían mis "chufos" (así se hacían llamar los chicos del hogar. El mensaje subliminal es "esclavos"). Mandé a los dos empleados en negro de este blog a averiguar y estos fueron los patéticos resultados (aclaración: las fotos son 100% reales):

Mili (Agustina Cherri): Conoció a Gastón Pauls hace unos años. Este le preguntó "¿pero vos no tenés 12 años?". Ella le contestó que no. Entonces se la movió. La dejó embarazada y se tuvieron que casar. Ella sigue pareciendo de doce. El sigue chamuyándose indígenas en sus programas humanitarios.
gaston-pauls-y-agustina-cherri.jpg




Cinthia:
era la más mala, histérica e impaciente de todas. Terminó siendo maestra jardinera de chicos discapacitados. Está gorda. No sabe si es porque está embarazada o por el vitel-toné de la comunión del hijo de su amante.
Benjamín Rojas: apareció en los estudios del 13 para pedir un lugar en la nueva tira de Facundo Arana y no lo reconocieron. Está afeado. Por alguna razón su cabeza crece un centímetro cúbico más cada a día y está por explotar, el pelo se le corrió hacia atrás y sigue pareciendo de 18 cuando tiene 27. Un caso raro, pero que me alegra en lo más profundo. Porque cuando era chica me gustaba mucho y mi mamá me repetía que nunca me daría bola. Ahora no quiero eso.

"Jime":  En Chiquititas hacía el papel de "discriminada" entre los nenes por su color de piel. Hoy en día limpia baños en la cancha de River y su gerente la llama "la negrita". Nunca lo va a superar.  





Georgina:
actuaba de "enamoradiza". En el colegio todos la gastaban y la tildaban de fácil por su papel. Sufrió severos daños psicológicos. Hoy en día sigue cantando su hit ("Estoy enamorada de todos, de todos, de todos")..... parando autos en Constitución



Así que ya saben chicos: No todos los orfanatos tienen toboganes, no existen las "Romina Yan" mágicas cuando perdés el DNI y tenés que comerte la fila de 5 horas para hacértelo de nuevo en Paseo Colón, y Dios te da los ojos de Benjamín Rojas pero después te infla la cabeza. La vida es dura. Pero está bueno imaginar otras realidades ¡Gracias Crismo por criarnos!

*sí, yo era negrita de chiquita. A los 14 sufrí una abducción extraterrestre y quedé más pálida que Michael Jackson. Es para contar en otro post, lo prometo.