martes, 22 de noviembre de 2011

¿De dónde salen?

Cerca de mi casa hicieron un graffiti enooorme sobre una casa enooorme, toda blanca. Digo, si te construís una casa de la puta madre, no seas tan idiota de pintarla de blanco. Estás incitando a los graffiteros: les estás dando un papel gigante. Estamos en Buenos Aires, #hello. En esta ciudad la gente hace todo lo que está prohibido, empezando por tirar el cartón vacío de la cajita feliz de Mc Donald's por la ventana del auto (lo he visto; sí, casi me voy del país por eso).

En fin, el grafitti de esa casa tiene algunas formas extrañas pero muy copadas, y está firmado por algo que parece decir Matt's, pero bien podría entenderse como Kattz, o Nauz, o Hitler. Y me quedé pensando, no? Para mí que las firmas de los graffiteros son inentendibles para que después no podamos identificarlos. Es muy secreto esto de ser graffitero. Mi barrio está LLENO de graffitis y yo jamás vi a alguien pintando con aerosol las paredes. Jamás. Creo que lo hacen de noche. ¿Pero cómo, si no se ve un carajo? Lo que sé es que ser graffitero no es para cualquiera. Cuando éramos chicos, con mi hermano agarramos tizas y escribimos en todas las paredes de la casa. Mis graffitis decían casi todos "El Rey León" (que mala, anti-sistema!!!). Mi mamá los vio y me miró con cara de "¿sos pelotuda?". Se quedó un poco preocupada con mis ideas liberales. De grande, hace un par de años, cuando Banfield salió campeón, compré un aerosol verde y salí a pintar taladros por las paredes de Villa Pueyrredón (por mi barrio no, uno nunca es profeta en su tierra). Soy tan naif que lo hice sin capucha de buzo de Rip Curl y a las dos de la tarde un día domingo. "NENA ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?", me gritó una vieja desde la cuadra de enfrente al segundo intento de dibujo. Me puse roja. Dejé al último taladro sin pata, guardé el aerosol, y volví a mi casa cabizbaja preguntándome lo mismo que se pregunta la gente sobre los del Banco Francés: "¿cómo hacen estos tipos?".

Es uno de los grandes enigmas de la vida, como los vendedores de Retiro, que ni bien cae la primera gota de lluvia aparecen de la nada con diez paraguas en cada mano. ¿¿De dónde carajo salen?? ¿¿Quién los puso ahí?? Es como si la misma lluvia los formara. Y cuando me quiero hacer la mujer todolopuedo corriendo bajo la lluvia para no mojarme, me voy cruzando con ellos, que se multiplican como los panes de Jesús a medida que avanza mi velocidad, y me tientan susurrándome "Ehhh amigaa, ¿no queré un paragua pa' la lluvia? Dié' pesito, mami". Adivinan si se viene la lluvia incluso cuando los salames del pronóstico te habían anunciado soleado. No sé cómo hacen esos tipos pero hay cosas que son así, que simplemente aparecen. Como las nuevas sedes de los McDonald's, nadie los ve en construcción nunca. Y cosas que desaparecen. Como los personajes del trencito de la alegría, nunca viste a Mickey sacándose la cabeza al final de su horario de trabajo. Imagino que, para no romper la ilusión de los niños, los tipos regresan a su casa todavía disfrazados. Qué fumado eso; digo, ver a Winnie the Pooh cruzando Avenida Rivadavia. O a la pantera Rosa parando el 107. Quiero imaginar que no es así, porque si me cruzara a  la Pantera Rosa sentada en el primer asiento del colectivo, me asustaría de pensar que estoy drogada. 


Por ahí estoy bajo los efectos de alguna sustancia rara mientras escribo este post. Siento que nada tiene mucha coherencia. Pero era esto, o sentarme frente al televisor junto a mi abuela, que es de esas que ven telenovelas mexicanas y les gritan a los personajes lo que tienen que hacer.



 
En verdad los hice porque el taladro es un dibujito fácil de hacer (mi evolución en dibujo llegó hasta el pibito del "ahorcado").