jueves, 7 de junio de 2012

Amarte hasta por instinto

Hay algo en tus ojos al mirarme mientras hablo. Porque no me miran como ellos, ni como él, ni como ella, ni como los anteriores; me observan desde otro lugar. Quizás desde el mismo en que contemplo tu boca cuando desliza esa pequeña curvatura en los labios anticipando un beso. En un año aprendí a leer todos tus gestos. Sé por tus miradas y la vibración de tu voz si estás feliz, si tuviste un mal día, si ya no querés saber nada del trabajo, si estás contando los días para una fecha o si tenés una sensación extraña sobre mí.

Hice una estatua de vos. Escribí canciones sobre cómo me partiste la cabeza y me sentí frustrada porque no fueron lo suficientemente buenas para canalizar semejantes emociones, y a mí me gusta usar las palabras.
 Te pido perdón por eso, aunque te hayan encantado. No vas a entenderlo, claro, porque no tenés una idea del peso de tu vida en la mía, pero yo sé de lo que te hablo.

Escribía todo esto porque quería-además de agradecerte por un año maravilloso- decirte de una linda forma que me gusta cuando me abrazás de la nada porque me apuntalás el alma, especialmente cuando te sale de manera atolondrada y sin medir tu fuerza, como un niño, es algo que deberías hacer más seguido. Ah, y que nunca dejes de regalarme esa sonrisa tan tuya y ya tan mía, porque es mi cable a cielo.

Sonreíme cuando esté desalentada con algo, cuando esté feliz, cuando esté abatida, cuando haya podido cambiar algo en tu día, también cuando no me lo merezca tanto. Sonreíme como hace un año cuando te conocí al lado de ese monumento y tenías brackets, y fue tan de película. Sonreíme cuando caminemos por Palermo o por San Juan y Boedo, o
 en donde sea, pero sonreíme.

Sonreíme todo el tiempo, que me haces infinita.

1 comentario:

  1. Ójala llegue el día que yo escriba algo parecido y él me responda con el mismo amor...

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