domingo, 19 de agosto de 2012

La Nueva York de John

Siempre prediqué que Paul era mi beatle favorito, y aunque eso no cambió, en los últimos años desarrollé por John un cariño muy especial y profundo. Las canciones de su etapa solista definitivamente me llegan al corazón como las de ningún otro artista, y no es sólo eso. El arte de John es visceral, al igual que lo fue su vida. El tipo tenía tantas cosas que decir, y tantas cualidades que yo suelo buscar en las personas, que nunca va a dejar de fascinarme. Con los años me volví una adicta a él.

Ayer volví de un viaje a Nueva York que fue ciertamente hermoso. Confirmé que es mi ciudad favorita en el mundo. Fui con la idea de, además de recorrerla como una turista más, pisar los lugares donde John estuvo en la última etapa de su vida. Visité su primera casa neoyorquina sobre Bank Street, su posterior departamento en el Dakota, por supuesto el Strawberry Fields del Central Park, la calle Bleecker donde él solía ir a andar en bici con Yoko, el muelle del río Hudson donde se sacaban fotos, los bares que frecuentaba, los restoranes, etc. Fue mágico estar en esos lugares, sentía que estaba pisando pedacitos de su historia y conociéndolo mucho más de todo lo que pude saber de él en libros. Era todo tan vívido.


Me subí al avión de regreso con la sonrisa de quien termina de leer un buen libro. Pero no sabía que lo mejor todavía no había sucedido. Poco después del despegue, saqué de mi mochila un libro biográfico de John (autor: el genio de Bob Gruen, su fotógrafo personal) del cual me faltaba poquito para terminarlo. A los pocos minutos noté que un tipo sentado al lado mío pero del otro lado del pasillo había fijado la vista en mí y en el libro. No me quitaba los ojos de encima pero no parecía interesado en disimularlo. Terminé de leerlo y cuando me disponía a guardarlo en la mochila, el tipo me preguntó en un español raro: "¿Dónde lo compraste?". Le respondí que en Greenwich Village y le sumé algunos datos. El hombre se quedó mirándome en silencio, y yo sabía que algo más me quería decir. "Yo lo conocí. A él, a John", me dijo. "¿QUE?", fue la reacción que no pude contener. "Le intenté vender un departamento cuando él se vino a New York", fue su primera explicación. Yo soy bastante desconfiada para muchas cosas, pero desde el primer momento en que me habló, tuve esa sensación acertada de que todo lo que me decía ese extraño era verdadero. Me contó que tenía tres inmobiliarias ("podría viajar en primera clase pero no me gustan los excesos"), y que cuando empezó a indagar en ese mundo, lo contactaron con un cliente que resultó ser nada más y nada menos que John, con quien estuvo a punto de sellar la venta de un departamento en el Upper West Side, pero el dueño finalmente lo discriminó por ser un "hippie rebelde" y no concretó la operación. "No lo puedo creer", era mi respuesta ante cada cosa que él me contaba. Me habló de lo humilde de era John, de por qué Nueva York encajaba perfectamente con su personalidad, de tenerlo como vecino de barrio, de su hermosa relación con Yoko, coincidimos en que ella lo elevó tanto espiritualmente, y en el porqué hay mucha gente no lo va a terminar de entender nunca. Me contó también que en el momento en que lo mataron él se encontraba a la vuelta del Dakota, y no podía reproducir el horror que había vivido al ver su cuerpo ahí. Se quebró en más de una oportunidad, y me pedía disculpas, pero a mí también se me caían las lágrimas. Y la gente alrededor, viendo esta charla entre dos extraños y no entendiendo nada. Le presté el libro y a medida que lo iba leyendo me remarcaba o aportaba datos. A veces tenía que parar de leer por unos instantes porque se sentía movilizado, miraba hacia otro lugar y retomaba la lectura. 
No sé cuantas horas pasamos hablando, perdí la noción del tiempo en ese momento, pero por dentro sólo deseaba que no se terminara nunca. Me contó sobre otros personajes históricos que tuvo el gusto de conocer (el tipo era también un hombre de negocios en el mundo artístico de Manhattan) y algunas historias que prometí no contárselas a nadie. Me regaló un chocolate y una conversación que nunca voy a olvidar. Cuando nos despedimos me deseó suerte con la música, y me dijo que le hiciera caso y siguiera sus consejos. Volví a casa sabiendo que tuve más de John de lo que pude haber imaginado. Miré el cuadro que tengo de él en mi habitación y le dije: "Gracias por enviarme ese regalo".


ph: Bob Gruen. Esta va a ser siempre mi foto preferida de él. John ya hecho todo un new yorker. Sin palabras :)

9 comentarios:

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  5. hernan (amigo de esteban)19 de agosto de 2012, 0:35

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  6. Cinco comentarios de un "anónimo" de mi facebook (que ya sé quién es porque el Google Analytics te deschava, y me llama la atención que seas vos jaja) criticando a la grandeza de Banfield.. vamos Taladro, qué importante es sos en su vida! Y en la mía más :)

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  7. no, con el google analytics sabes de que ciudad es el visitante como maximo, nunca vas a saber quién es exactamente, y no hay mucha vinculación con facebook, ademas una cosa es insultar a un club que nos cago un campeonato (si, cuando salio campeon) y otra cosa es insultar a la persona directamente (cosa que nunca se hizo)

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  8. Idol! Increíble lo que contas! Esas cosas que sólo te pasan a vos y porque sos la única que lo valora de ese modo! Me muero por escuchar más y más historias del viaje! Te mando un beso!

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  9. Qué buena anécdota!!! Me imagino lo importante que habrá sido para vos esa charla...
    Qué genio John!
    Un beso

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