lunes, 15 de abril de 2013

Jesús en todos lados

No recuerdo bien cómo, ni dónde, ni bajo efectos de qué sustancia conocí a Jesús. La primera imagen que tengo con él es saliendo de una fiesta en un hostel junto a una amiga. El riéndose por mis gritos de dolor al dar mi pie derecho contra una roca que aparecía sin cálculos en el oscuro y sinuoso camino de tierra y arena a las cuatro de la mañana. El se llamaba Rafael, nos dijo, pero nosotras no podíamos dejar de decirle "el Jesús brasileño", por su enorme parecido. Hablaba en un español bastante coherente, y se reía cuando yo atentaba a responderle en portugués. Nos contó que atendía en un hostel cercano al nuestro, y que preparaba excursiones. Que él no había nacido ahí, que se había ido a esa isla en busca de algo que por lo que pude ver está encontrando. Esa noche Jesús nos acompañó hasta nuestra puerta. De no ser por él hubiéramos seguido caminando quién sabe cuánto más, porque pese a que la isla era chica, yo no tenía idea dónde estaba parada. Antes de despedirnos nos ofreció hacer surf junto a él al día siguiente. "Puede ser", le contesté desconfiada, con esa extraña sensación de que al fin de cuentas Jesús resultaba ser un guía turístico más que buscaba enganchar clientela para sus excursiones. Pero mi teoría se desbarató hermosamente cuando a la mañana siguiente se apareció paradito en la recepción con una modesta tabla de barrenar bajo su brazo izquierdo. "¿Vienes a surfear?", me dijo. Me rendí ante semejante acto de ternura, y más aún cuando a continuación me preguntó cómo estaba mi pie.
Desde ese día, Jesús nos acompañó durante toda nuestra estadía como un amigo de la vida. Paseos en barco, buceo en el mar, fiestas y guitarreada en la playa a la noche. Pasaba algo extraño con él: siempre que lo mencionábamos o nos preguntábamos dónde estaría, se nos aparecía con precisión a los cinco minutos. No fallaba, donde quiera que estuviéramos. Cuando lo despedíamos al final de cada día, era cuestión de decirle "hasta mañana" porque sabíamos que siempre lo íbamos a encontrar dando vueltas a nuestro alrededor. 
Fue raro pero igualmente bello sentir cómo un extraño de otro país como Jesús o Yísus -como lo bautizaríamos- me iba a devolver esa confianza en las personas que venía perdiendo en los últimos meses. El no lo sabe, claro, pero este texto va a ser mi humilde forma de contarle y agradecérselo. Había llegado a Brasil con grandes decepciones a cuestas, y ese viaje me renovó el espíritu y la esperanza de que, si estás atento, siempre van a haber personas como él esperándote en el camino. También cuando hay rocas que te lastiman fuerte el pie. Extraños que te van a devolver algo que ni siquiera sabías que habías perdido. Y a veces, como era el caso, ni hace falta que hablen el mismo idioma. 
El día que nos fuimos de Ilha Grande el cielo lloraba y Jesús me regaló una flor hecha con la servilleta de papel de un lugar donde habíamos comido. Le saqué una foto a él con el celular, nos despedimos y fuimos con mis amigas al hostel en busca de las valijas. Llegamos al puerto y minutos antes de irnos -como no podía ser de otra manera- apareció nuevamente él con esa sonrisa siempre tan sincera. Dimos la despedida final, nos subimos al barco, y vimos la isla desaparecer. La tristeza que sentí fue devastadora. Hay días en que de casualidad me topo con su foto en mi celular y siento esa ineludible necesidad de volver. Uno siempre tiene el deseo de volver a los lugares donde fue feliz. Y hay personas que reflejan inequívocamente esos lugares. Hace días que estoy esperando que Jesús agregue mi contacto como prometió hacer. El me había contado que tenía planeado visitar Buenos Aires y tengo ganas de decirle que tiene un espacio en mi casa para quedarse. Sería para mí lo más parecido a volver a la isla. Pienso que a veces, al no poder volver a un lugar, hay que hacer que esos lugares vuelvan a nosotros. 

2 comentarios:

  1. Tres teorías para responder a su "post":
    1- "Jesús aparecía cinco minutos después que nosotros hablábamos de él...": En realidad es un Agente de la SIDE BRASILEÑA, que le pinchó el teléfono ...y cosas similares. Cuídese: Tal vez quería robarle la yerba argenta, ya que la de ellos no tiene palitos -y sí- mucho polvillo.

    2- Demasiado entusiasmo para con un extranjero: ¿Estará Ud. descubriendo el amor, Srta. Limón?.Imagino que el teclado -siempre maltratado- fue tocado con dulzura al escribir este post.

    3- ¿Ud. está bien? Es lo único que importa.
    (Cristian C.,dde. Santa Fe, SFe)

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  2. 1- jajajajajajaja

    2-jaja nooo, Jesus era un amigo. Yo me enamoré de la isla.

    3- hace meses que no me preguntaban eso. Estoy mejor que nunca, gracias por la pregunta, y por la buena energia de siempre.

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