martes, 23 de julio de 2013

El peligroso reino de Farmacity

Farmacity es el Alto Palermo de las boludeces. Yo creo que Adán y Eva conocieron la tentación en un miércoles de oferta 3 por 2. Es como un palacio lleno de productos que no necesitamos, pero que llevamos "por las dudas". La distribución de las góndolas está fríamente calculada para que actúe como una cascada de tentaciones. Entrás a comprar un cepillo de dientes y terminás pagando un hilo dental fluorescente, un frasquito de Colgate Plax Ice para el mal aliento, el nuevo perfume de Antonio Banderas, guantes de esponja para los pelos encarnados, un eva test (porque todavía no estás segura) y un cd de "Beatles for babies" por si nace ese bebé hipotético. ¿Y el cepillo de dientes? La puta madre. Es una máxima del Farmacity que justo al lado del producto que vos vas a comprar encuentres otras cosas mucho mejores. Pero ojo, no es nuestra culpa: mi teoría es que el desodorante ese "ambiental" que largan en todos estos locales tiene efectos alucinógenos que actúa en nuestro cuerpo sin darnos cuenta. Es cuestión de entrar, respirar, y ver cómo en pocos minutos todos los productos se aparecen con rostros humanos y te susurran "comprame, comprame, comprame!...". Les crecen patitas y manos a todos, y no dejan de moverse y tentarte, y hasta bailan entre ellos. Un chupete bailando con un frasquito de pervinox, los lipsticks brincando sobre el servilletero de carilinas, gels íntimos saliendo de vasos de cumpleaños de Ben Diez... Todo te resulta simpático. Hasta los papeles higiénicos te seducen, todos los productos. Y los llevás, obvio que los llevás, pensando que es hora de probar cosas que nunca probaste. Es que al Farmacity siempre entramos cuando buscamos un "cambio" en nuestras vidas, cuando tenemos la autoestima baja, cuando estamos al borde de una depresión o cuando necesitamos sentirnos mejor con nosotros mismos. Tengan esto siempre en cuenta: el Farmacity es para los débiles. Si estamos fuertes y a gusto con nuestras vidas, vamos a una farmacia común y corriente y se terminó la historia. El Farmacity es un poco como la falopa, uno cae cuando se siente vulnerable y necesita un momento de éxtasis para tapar problemas profundos. El Farmacity se experimenta de manera solitaria. Nadie va a estar ahí acompañándote para decirte "pará, ¿no será mucho llevar tres perfumes de Paco Rabanne?". Nadie te pone límites. Sos vos contra el mundo de los productos inútiles. Y ni hablar de cuando llegás a la caja: tenés que hacer un siniestro caminito rodeado de golosinas. Es el nivel más difícil de pasar. Y como ya tocaste fondo después de haber comprado un protector solar en oferta siendo pleno invierno, te sentís impune para cargar tres bananitas dolcas y un mogul. Finalmente llega el momento de la verdad frente a la caja. Los empleados del Farmacity merecen un párrafo aparte, pero no me voy a extender demasiado. Ellos están ahí como entes anónimos y cómplices de tu estado desbordado. Nunca te van a mirar mal, ni aunque lleves un gel íntimo para la oreja o un látigo sadomasoquista (deben haber). Hay como un pacto de silencio implícito con ellos, porque son los narcos del lugar. Con la más deliciosa cara de poker, se limitan a informarte que gastaste QUINIENTOS SETENTA Y SEIS CON NOVENTA, y te agradecen por la compra. A todo esto, siempre está el "empleado vigilante", uno con atuendo de Seguridad que te saluda ni bien ingresás al local y te hace un seguimiento con la vista durante toda tu estadía. Ese empleado -que es el mismo que te vio cuando se te cayó el evatest de las manos- es el único que se atreve a clavarte una sonrisita irónica cuando salís del local. Por las cosas que llevaste, el tipo te perfiló como una obsesiva con la limpieza y una terrible fetichista en la cama. Tratás de no pensar en eso. Pero te das cuenta que algo retorcido hay en tu personalidad cuando llegás a tu casa y alguien te dice: "¿Fuiste a Farmacity? ¿Qué te compraste?". "Algunas cosas que necesitaba", es la respuesta fácil. Y bajo NINGÚN motivo te atrevés a abrir la bolsa.


"¿'Jaleas de efedrina'? Debe ser para la tos. Lo llevo"