martes, 30 de septiembre de 2014

2:29 am, mirando el techo

Estaba pensando que entre las muchas cosas que me gustan de vos, la mejor es que seguís siendo ese adolescente de 14 años que un día me sacó una sonrisa que era distinta a las demás.

(y que diez años después, sigue sacándome esa sonrisa).

miércoles, 17 de septiembre de 2014

En mis sueños

En mis sueños siempre hubo mucha violencia. Con frecuencia proyecto episodios en los que me roban, me secuestran, y hasta me intentan matar. Siempre me encuentro escapándome de algo. En esos sueños me invade el miedo, pero aún así nunca me rindo y enfrento a todo adversario ya sea con el uso de armas o con mi propia fuerza, con gran destreza en ambas opciones. A veces mato gente que me parece sospechosa, sólo porque me parece sospechosa. Corto cabezas con navajas. Sí, mis sueños son como dirigidos por Tarantino.
Es raro porque yo solía dar por sentado que todo el mundo tenía sueños así, pero cuando lo empecé a hablar hace poco con gente cercana, me di cuenta que no.

También creo personajes que se repiten en un sueño y en otro.  Una vez uno me dijo "¿Te acordás de mí?", y eso me asustó un poco a la mañana siguiente cuando me lo puse a pensar. Dicen que en verdad todas las personas aparentemente desconocidas que se te aparecen en los sueños son gente que conocés en la vida real, pero la mayoría de las veces no logro darme cuenta.

El mejor perfil de mis sueños es cuando son sueños lúcidos (es decir, cuando sos consciente de que estás en un sueño). Y me pasa seguido. Viene todo normal hasta que en un momento decís "mmm... me parece que todo esto lo estoy soñando. Hey, inconsciente, a mí no me vas a manejar, ahora tomo las riendas yo!", y empezás a hacer lo que se te antoje. Empezás a manipular a tu mente, a decidir qué pasa y con quién pasa, y en qué momento y en qué lugar. Es como ser el director de tu propia película protagónica. Y es genial. De repente quiero tener una Gibson 335 color sunburst y ya la estoy tocando. Y suena de puta madre. De repente me veo haciendo giras y presentándome en el Madison Square Garden. O puedo sobrevolar por todo Buenos Aires. Y mando a la cárcel a mi vecina de enfrente y a la gente que no me cae bien. En mis sueños lúcidos todo sale como yo quiero, aunque a veces eso conlleve consecuencias un tanto pecaminosas.Todo lo que deseo cerca se me aparece en el momento. Puedo ver cómo todos me hacen caso. Soy la reina del mundo.

Hay que tener cuidado con los sueños lúcidos, dicen. Hay que saber controlarlos. Según me explicó alguien que sabe del tema, lo que en verdad sucede es que te convertís como en un narrador omnipresente de todo lo que estás soñando, y puede que empieces a alejarte  cada vez más de vos. Y si no tenés la suficiente fuerza, te despegás de tu cuerpo. Y tu espíritu queda ahí, flotando en tu habitación y viendo a tu propio cuerpo dormir en la vida real. Esa experiencia debe ser una locura. Se llama viaje astral. Y en los viajes astrales, hay almas que jamás pueden volver al cuerpo, por eso son tan peligrosos. Podemos decir que los sueños lúcidos son el primer paso para el viaje astral, aunque haya gente que niegue tal relación.

A mediados del 2012 tuve un sueño lúcido con un final un poco tenebroso. Todo estaba saliendo como yo quería hasta que empecé a sentir que perdía control sobre mí, que había una fuerza que me alejaba y comenzaba a elevarme. Luchaba contra esa fuerza, pero era imposible, todo empezó a salirse de mi guión. Con total impotencia, pegué un grito desesperado y desperté. Estaba transpirando. Durante los primeros segundos no entendía si seguía viva o si estaba en un estado de suspensión, hasta que empecé a reconocer mi habitación y me volvió la calma. Siempre me pregunto qué hubiera pasado si lograba aplacar esa desesperación y me dejaba llevar. ¿Hubiera flotado en mi habitación? ¿Me hubiera visto a mí misma durmiendo? La gente experta en realizar viajes astrales asegura que no hay que temer, porque lo rico de dichas experiencias es que podés viajar mediante la velocidad del pensamiento a cualquier lugar que quieras, ya sea otro país u otro planeta. Lo voy a tener en cuenta, porque yo siempre quise conocer Islandia. 



Así sería un viaje astral mío...
nota al pie: nótese que hasta me tomé el trabajo de poner mi cabeza.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Sobre esos detalles malditos

-Sos linda como tu mamá vos eh.

U
na de las frases más trilladas de la historia de la tercera edad. Me quedé sin respuesta ante su atenta mirada, que estaba dispuesta a amortiguar al menos una sonrisa mía, que llegaría con esfuerzo y compromiso. Acto seguido: ella frunció el entrecejo con preocupación.

-Sos linda, pero...

¿Había un pero? Quiero decir, no tengo problemas en aceptar si alguien me dice que no soy linda, la belleza física nunca me importó en realidad. A mi sólo me podrías matar si me decís que soy aburrida, cosa que solía sucederme en la Primaria cuando era callada e insegura, pero ya nunca más. Pero había un pero, y eso me descolocó. Y en cuestión de microsegundos, barajé hipótesis mentales: "¿Pero soy petisa? ¿Pero soy común? ¿Pero no tengo ojos claros como mis hermanos? Dios, que no sea eso, estoy cansada de que me lo digan como si fuese un defecto...".

-Hay algo raro cuando sonreís. A ver, sonreí.

¿Qué? ¿Usted me está hablando en serio, señora? ¿Que estoy, en un casting? Y bueno, supongo que no me queda otra que hacerle caso para terminar de descifrar lo que me está queriendo decir. Le sonrío incómodamente. Ella titubeó un poco y lanzó finalmente sin tapujos:

-¿Vos sufriste una parálisis facial?

KE. 
-Ay, no........No, ¡jamás! ¿Por qué lo dice?
-¿Segura? Porque sonreís como de costado, la mitad de la cara no se te mueve. ¿Siempre sonreíste así?
-Y... creo que sí...
-Podrías hacerte ver, capaz tengas un problema con el músculo facial derecho.
-No, yo sé que sonrío de costado, pero no creo que sea por ninguna parálisis. Puedo mover perfectamente este lado de la cara. Si me esfuerzo, sonrío derechita.
-A ver... sonreí derecha.

Esto no puede estar pasando... Y ahí nomas, forcé mi mejilla derecha y esbocé una sonrisa más pareja, haciéndome la Miss Carolina del Norte.


-¡Ahhhh! ¡Ahora sí! Mirá qué lindo que te queda una sonrisa normal.

¿Sonrisa normal? ¿Perdón?



-Eso te lo tenés que hacer ver, querida, porque es una lástima que a una chica tan jovencita se le arruine la cara por una sonrisa que se puede arreglar con cirugía.

Me reí nerviosa. No entendí si era un chiste de mal gusto, pero lo peor es que no lo era.

-No, disculpe, pero no pienso hacerme ninguna cirugía en la cara.
-¡Deberías, querida, deberías! Eso se soluciona con una puntadita...es una pavada, eh...

Y se puso a disertar sobre las últimas técnicas de lifting y rellenos de pómulo.Ya entiendo cómo usted parece de 50, señora. Y dudé por un minuto si la octagenaria no tendría razón, si debería corregirme la sonrisa. En realidad no fue un minuto, fueron varias horas. Me había dejado preocupada. Pero recordé cuando alguien me dijo una vez "voy a extrañar tu sonrisa ladeada" y me hizo dar cuenta que sonreía de costado. "Como si estuvieras tramando una picardía", me dice mi mamá siempre. "Sonrisa de pervertida", prefieren llamarla mis amigos. Y capaz sean esos pequeños defectos nuestras marquitas de identidad, las que nos hacen únicos. Y se me viene a la mente, no sé, tener las paletas separadas, o una cicatriz en el labio, o una uniceja, o una nariz grande, o estar lleno de pecas... son todas formas de decir "Hey, acá estoy. Este soy yo". Nadie extrañaría a una sonrisa perfecta, porque seguramente hay miles y son reemplazables. Y hasta a veces aburren.

Así que, le agradezco la intención señora, pero yo prefiero seguir por la vida alegrándome de manera torcida.

(Como Sylvester Stallone, Michael Douglas, Drew Barrymore, Ellen Page, Matthew Lewis y Dermot Mulroney, a quienes les queda curiosamente encantador).