martes, 25 de noviembre de 2014

Yo soy Otros

Con mis amigos tenemos este ritual todos los domingos a la noche de subirnos a mi auto, cargar nafta, e ir a pasear aleatoriamente por cualquier barrio de la ciudad. Pisar sus calles, sentir su aroma, inventar historias, observar a la gente, subirnos a los juegos de las plazas, ser un poco vagabundos.

Y esa noche habíamos dado unas cuantas pitadas, tantas que yo iba zigzagueando por avenida Del Libertador sin el más mínimo recaudo.
-Cuidado Sole...
-Tranquila... está todo legal...
-Jaja me encanta ir en auto con vos, me siento jugando al GTA.

Nos reímos. "Se me aparece" un auto delante de mí y lo esquivo rozando. Estuvo cerca. Veo luces. Veo luces azules. Están iluminando mi cara. Trato de apartarlas como si fuesen mosquitos. No entiendo. Los chicos reaccionan.

-Che, me parece que te están diciendo que frenes...
-¿Qué? ¿Quién?
-La policía... nos está haciendo luces, frená acá al costado.

Frenamos. El auto en cuestión frena al lado nuestro. Se baja un uniformado. Vemos mejor: son los de Seguridad Vial.


-¿Cómo le va señorita? La venimos siguiendo porque viene doblando raspando a los autos. ¿Tomó alcohol?
-No, no, no
-¿Me muestra los papeles del auto, su licencia y su cédula?
-Sí... ya va...

Simulo estar tranquila pero me tiemblan las manos. Busco la documentación en la gaveta y sólo encuentro cds. Agarro "Dónde están los ladrones" de Shakira. No, soltalo, no te están pidiendo eso. Buscá los papeles, tonta. Dale, tienen que estar ahí. Siempre están ahí.

-Acá están...
-A ver...

El tipo examina lo que le di con cara de seriedad. Me detengo a observarlo. Estoy por preguntarle por qué es uniceja. Shh, callate, no digas nada. Ahora te devuelven los papeles y te vas felizmente.

-Falta la cédula, señorita
-¿La cédula? Ah, sí... tomá...

Revuelvo mi cartera, abro mi billetera y le doy mi cédula de identidad.

-No, la cédula azul tenés que darme...
-No sé dónde la tengo
-Pero tenés que tenerla. ¿No la tenés?
-A ver, dame eso...

Le saco de las manos la documentación que le había dado. La incoherencia me pone prepotente. Separo la cédula de identificación del auto y le digo, en el tono más simplista, la siguiente frase que quedaría para la cargada de mis amigos:

-Acá está. ¿Ves? Acá dice: "Titular: Miguel Coul y otros". Miguel Coul es mi papá... y yo soy "otros".
-No, usted no es "otros".
-Sí, yo soy "otros"
-No, esto sólo es válido para el titular del auto, que es su papá. Usted tiene que tener la cédula azul siempre, esto que me dio no tiene validez.
-No, pero estoy segura que mi papá me dijo que esto servía! Cuando saqué el registro me dio esto. Porque yo soy "otros"!!!
-No, no sos "otros"!!

No sé cuánto tiempo estuve intentándolo convencer, de buena fe, que yo era "otros". No sé cuánto tiempo estuvo explicándome que tenía que tener mi propia cédula. Se sintió como media hora, aunque puede que sólo hayan sido cinco minutos. Y las luces de los autos pasaban a nuestro costado a toda velocidad. Y mis amigos contenían su risa en el asiento de atrás. Y yo ya ni sabía mi nombre, sólo se me había metido en la cabeza que yo era Otros. Esa era mi identidad en ese momento. Al final me dejó ir, pero no sin unas cuantas advertencias.

Hoy en la cena le dije a mi viejo que colgó en sacarme la cédula azul. Tiró boludo y cambió de tema. Quiero tener mi cédula. Una que diga mi nombre, pensé.

1 comentario:

  1. Jajajajjajajajajaajaa nunca va a dejar de ser gracioso.


    S

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